De franciscano a héroe
Cuando los franceses entran en Galicia, Andrés Villageliú era Predicador Primero del convento de San Francisco. Huye del cenobio días antes de la toma de Vigo y, tras intentar unirse a las tropas del Marqués de la Romana, contacta con el abad de Valadares, que lo nombra su ayudante. Durante la ocupación, protagoniza numerosas acciones, entrando y saliendo de la villa, a menudo disfrazado, para llevar pólvora y municiones a los sublevados.
Participó en el sitio de la plaza y en su toma, los días 27 y 28 de marzo de 1809. La buena estima que despertó en Morillo y en el Marqués de Valadares llevaron a éstos a elegirlo como el emisario que habría de llevar el parte de la Reconquista de Vigo hasta Sevilla, en el buque "Fernando VII", fletado al efecto por un comerciante local.
A su regreso de Sevilla, aun participó en la batalla de Ponte Sampaio, desarollando una gran labor en retaguardia, donde los frailes de San Francisco fabricaban cartuchos para los fusileros gallegos.
En febrero de 1810 tomó posesión en A Coruña como miembro de la Junta Superior de Galicia. El agosto de 1810 es nombrado teniente coronel y se incorpora a las Cortes del Supremo Gobierno de Cádiz como uno de los 25 comisionados de Galicia.
En diciembre de 1811, decide abandonar la carrera política y regresa al convento.
De 1821 a 1823, Villageliú abrazaría la causa liberal y solicita su secularización, al tiempo que publica diversos escritos en los que censura a los partidarios de Fernando VII. Con todo, el hachazo que el rey Borbón da a los principios liberales, con el regreso al absolutismo en la Ominosa Década, le coloca en una situación límite.
Villageliú escribe una Retractación de todos sus escritos y anula su decisión de colgar los hábitos. Con todo, queda marcado y, de su formidable protagonismo en los últimos años, pasa a la marginación más absoluta, terminó sus días como párroco en una pequeña aldea orensana.
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